La evacuación pertenece al proceso de nutrirnos: hablamos de nutrirnos y mantenernos sanos, la evacuación pertenece a ese proceso teniendo una gran influencia sobre numerosas patologías tanto intestinales como del suelo pélvico.

 

EL PROCESO DIGESTIVO  

  • Etapa uno: empieza en la boca con la masticación, la saliva y las enzimas.
  • Etapa dos: la comida viaja al estómago por el esófago.
  • Etapa tres: llega al estómago, en donde los ácidos descomponen la comida.
  • Etapa cuatro: la comida llega el intestino delgado, en donde se descompone aún más y se absorben muchos nutrientes.
  • Etapa cinco: llega al intestino grueso, en donde otros nutrientes se absorben, y los sólidos que quedan se dirigen al colon.
  • Etapa seis: un desecho sólido se almacena en el recto y luego se expulsa.

Queremos disfrutar comiendo sano, digerir bien y autogestionar nuestra salud, y eso pasa cuando hablamos de los intestinos y nos ocupamos más de sus necesidades y funciones.

El acto de defecar, el que nos interesa en este artículo, incluye múltiples procesos fisiológicos  pero es básicamente el paso por el recto de la materia fecal almacenada.
El empuje de la materia fecal por el recto se debe a un movimiento peristáltico de la masa.

De este movimiento surge el deseo de defecar debido a que se mandan impulsos al centro de defecación de la médula espinal. El centro de defecación manda impulsos al esfínter anal interno lo que causa que este se relaje. La relajación del esfínter interno va seguida del incremento de presión dentro del abdomen al contraerse la musculatura abdominal y la llamada maniobra Valsalva que fuerzan las heces hacia abajo.
La maniobra Valsalva es el acto de tratar de expeler el aire de los pulmones conteniendo la posibilidad de que el aire salga, es decir lo que se llama «pujar».

El esfínter anal externo se maneja a voluntad y durante la defecación este se relaja al mismo tiempo que se levanta el diafragma pélvico que a su vez eleva el esfínter y se permite que las heces salgan.

La defecación, aunque es un reflejo de la médula espinal, puede ser cancelado por la  voluntad al mantener contraído el esfínter anal externo y los músculos abdominales.

Evacuar intestinos: ¿Sentado o en cuclillas?

¿Qué sucede durante la evacuación?

El término defecación puede ser definido como el proceso a través del cual se elimina el producto final procedente de la digestión. Durante este proceso, el sistema nervioso entérico y el sistema parasimpático permiten diversas acciones, como el control de la acumulación fecal en el colon, así como la relajación del esfínter externo y del músculo recto.

Esta acción permite la alineación con el recto para hacer presión intra-abdominal y expulsar los residuos.

En cuclillas 

Es importante señalar que debemos defecar en cuclillas con las piernas a un ángulo de 35 grados con respecto al cuerpo.
De esta manera: los muslos presionan e
l abdomen, esta acción causa la presión en el interior de las cavidades del colon, liberando y alineando el canal anal y la eliminación.

Esto da lugar a una evacuación más rápida, fácil y completa. 

Sentados         

Cuando estamos sentados, sucede lo contrario de lo observado en cuclillas.
En esta posición, las piernas se encuentran en un ángulo de 90 grados en relación al abdomen, por lo que no hay un alineamiento entre el recto y el ano. 
Además, perdemos la presión ejercida por las piernas sobre el colon y el abdomen.

Como resultado, es necesario empujar hacia abajo para conseguir evacuar.

Ese esfuerzo es el problema.  

Esta posición causa diversas enfermedades, como el estreñimiento, síndrome del intestino irritable, hernias, hemorroides y
en casos más graves, cáncer de colon o de intestino.

Si tuviéramos una máquina del tiempo y viajáramos a la Prehistoria, veríamos cómo los hombres primitivos, al igual que el resto de los animales, hacían sus necesidades al aire libre. El eminente antropólogo J. F. Williams elogia el sabio proceder de aquellos trogloditas que obraban siempre en cuclillas:

«Es la postura ideal para la defecación, con los muslos flexionados sobre el abdomen. De esta manera, logra reducirse enormemente la capacidad de la cavidad intestinal y aumenta la presión intraabdominal, lo cual estimula la expulsión de la masa fecal».

El inodoro moderno nos ha obligado a cambiar la posición natural
 para evacuar nuestros intestinos, lo cual cambia
anatómicamente la forma en la que defecamos.

Los niños, instintivamente se ponen de cuclillas para defecar, como lo hace la mayoría de la población mundial: Asia, África y gran parte de Sudamérica y Oceanía. Pero de alguna manera en occidente se llegó a la convicción de que sentarse es una manera más “civilizada”.

Hasta mediados del siglo XIX, los inodoros tipo silla estaban reservados para la realeza y los discapacitados. Pero el “progreso” de las sociedades occidentales podría ser en parte el culpable por las tasas más altas de cáncer de colon y enfermedades pélvicas, como se describe en un informe publicado en la revista Israel Journal of Medical Science

“La prevalencia de las enfermedades intestinales (apendicitis, hemorroides, pólipos, colitis ulcerosa, síndrome del intestino irritable, enfermedad diverticular y el cáncer de colon) son similares en los blancos de Sudáfrica y en las poblaciones prósperas de los países occidentales. Entre los rurales sudafricanos con un estilo de vida tradicional, estas enfermedades son muy poco frecuentes o casi desconocidas.”

 

La postura ideal para la defecación

El ano cuenta con dos esfínteres: el externo y el interno.

Ambos son anatomicamente diferentes pero sus fibras musculares están en contacto. El esfínter interno no es controlado voluntariamente, sino que es controlado por el sistema nervioso autónomo y responde antes estímulos de presión. Cuándo las heces acumuladas presionan sobre el esfínter, este se relaja y se abre.

Entonces, el esfínter externo es también estimulado y es cuándo sentimos necesidad de defecar. Pero el esfínter externo se puede controlar de forma voluntaria. Así, se puede controlar la defecación, hasta cierto punto, mediante la contracción y relajación del esfínter anal externo. 

Para ayudar a mantener la continencia, el organismo cuenta además con una curvatura entre el recto y el ano, conocida como ángulo anorectal. Estando de pie, esta curvatura tiene un ángulo aproximadamente de 90º y el final del recto se eleva para mantener las heces en su interior. Al adoptar la posición de cuclillas, el ángulo se hace prácticamente cero y el recto y el ano se sitúan en línea recta. Estando sentado se mantiene un ángulo en torno a los 30 – 40º. 

 

La evidencia sugiere que los problemas intestinales y pélvicos pueden estar relacionados con la postura incorrecta.

Sólo con la posición en cuclillas, el cuerpo está alineado de una manera que promueve la completa eliminación intestinal.
Al estar en cuclillas se endereza y se relaja el recto. 

                                  

La tensión del puborrectal sentado a 90 grados dificulta la defecación.
En la posición de cuclillas – 35°- no existe tensión y por tanto, la defecación se facilita.

                         

Está demostrado científicamente que adoptar esta posición para ir al baño ayuda a combatir el estreñimiento, las hemorroides, fisuras anales, las enfermedades del colon y algunas disfunciones del suelo pélvico como el prolapso o la incontinencia urinaria.

Beneficios de defecar en cuclillas

  • La eliminación es más rápida, más fácil y más completa.
  • Esto ayuda a prevenir el “estancamiento fecal”, un factor principal en el cáncer de colon, la apendicitis y la enfermedad inflamatoria intestinal.
  • Previene e impide disfunciones del suelo pélvico, sus músculos no sufren sobre-estiramiento por lo tanto no son dañados.
  • Sella la válvula ileocecal, entre el colon y el intestino delgado.
  • En la posición sentado convencional, esta válvula no se cierra y a menudo se producen fugas durante la evacuación contaminando el intestino delgado.
  • Se usa los muslos para apoyar el colon y así prevenir el esfuerzo.
  • El esfuerzo en el inodoro puede causar hernias, divertículos, y prolapso de órganos pélvicos.
  • Relaja el músculo puborrectal que normalmente cierra el recto para mantener la continencia.
  • Crea una postura en el baño más sana para aliviar y prevenir el estreñimiento y fisuras anales Un muy eficaz tratamiento, no invasivo, para las hemorroides, consecuencia del estreñimiento.
  • Para las mujeres embarazadas, en cuclillas se evita la presión sobre el útero cuando van al baño. Las cuclillas diarias ayudan a prepararse para un parto más natural.