El estreñimiento, especialmente cuando es crónico, puede tener efectos muy dañinos sobre el colon.

El colon extrae constantemente agua de sus contenidos, para transformar los desechos líquidos en sólidos. Como resultado, si la eliminación no es regular y completa, los desechos se secan y se pegan a las paredes del colon.

Se ha demostrado que el estreñimiento incrementa el riesgo de cáncer de colon y se ha implicado en la diverticulosis y en la apendicitis. «El uso acumulado de laxantes comerciales durante toda la vida también se asoció con el aumento de riesgo de cáncer de colon.»

Ponerse en cuclillas evita el estreñimiento en cuatro formas:

  1. La gravedad hace casi todo el trabajo. El peso del torso presiona contra los muslos y en forma natural comprime el colon. La presión moderada del diafragma complementa la fuerza de gravedad.

  2. La válvula ileocecal, entre el colon y el intestino delgado, está adecuadamente sellada, lo que permite que el colon esté completamente presurizado. La presión crea un efecto laxante natural. En la posición sentado, la válvula carece de apoyo y tiende a gotear, haciendo difícil generar la presión requerida.

  3. Estar en cuclillas relaja el músculo puborrectal que normalmente cierra el recto para mantener la continencia.

  4. Estar en cuclillas levanta el colon sigmoide para deshacer el “pliegue” en la entrada del recto. Este pliegue también ayuda a evitar la incontinencia, quitando algo de la presión del músculo puborrectal.

Para resumir, el colon está equipado con una válvula de entrada (la válvula ileocecal) y una válvula de salida (el músculo puborrectal). Al estar en cuclillas simultáneamente se cierra la válvula de entrada para mantener limpio el intestino delgado, y se abre la válvula de salida para permitir el libre paso de los desechos. La postura sentada hace fracasar el propósito de ambas válvulas; vuelve difícil e incompleta la eliminación, y ensucia el intestino delgado.

El músculo del esfínter, usualmente considerado como la válvula de salida, es en realidad incapaz de evitar la incontinencia. Requiere de un esfuerzo voluntario y es únicamente para emergencias de corto plazo. Para mantener la continencia se requiere que el músculo puborrectal apriete en forma continuada, pero esto no deja de suceder durante la posición sentada, por lo que mediante tensión se debe forzar para abrirlo. Esta tensión repetida durante varios años puede producir hemorroides, que por tanto pueden clasificarse como una lesión por tensión repetitiva.

Hace mucho tiempo que los médicos reconocieron la conexión entre los inodoros de asiento y el estreñimiento. Por ejemplo, F.A. Hornibrook, en La cultura del abdomen, publicado en 1933:

¨La actitud natural del hombre durante (la eliminación) es la postura en cuclillas, tal como puede observarse entre los trabajadores del campo o los nativos. La moda, en forma del inodoro ordinario, impide vaciar el intestino grueso en la forma propuesta por la naturaleza. Ahora en este acto [de eliminación] se imponen grandes tensiones sobre todos los órganos internos… No es una exageración decir que la adopción de la postura en cuclillas por sí misma ayudaría en buena medida a remediar el mayor vicio físico de la raza blanca, el estreñimiento.¨

Estos sentimientos tienen eco en Nuestra enfermedad común, escrito por H. Aaron y publicado en 1938:

¨Cuando los muslos presionan contra los músculos abdominales en esta posición, la presión dentro del abdomen aumenta mucho, por lo que el recto se vacía más completamente. Nuestros inodoros no están construidos siguiendo los requerimientos fisiológicos. Los diseñadores de inodoros harían un gran bien si estudiaran un poco de fisiología y construyeran asientos diseñados para la eliminación correcta¨

 

Fuente: Investigación de Jonathan Isbit de Natural Plataform